La Plaza de Armas



En los primeros ochenta y ocho años de vida de esta ciudad, la Plaza de Armas fue un extenso tiradero de basura, también servía para el estacionamiento de carruajes y lugar para hacer las corridas de toros (la primera el 17 de agosto de 1611). En 1630 se limpió y empedró, se le dotó de un aljibe para que abasteciera de agua a los tapatíos; en 1643, sobre dicho aljibe se construyó una fuente (primera en la ciudad) y se arboló a su alrededor. Esta plaza era la más grande que existía en la Guadalajara colonial y aquí se preparaban los vecinos para la guerra contra los indios, por eso se le conoció como Plaza de Armas. Algunas veces fue lugar para ejecuciones de los condenados a muerte y de las penas corporales por diferentes delitos. También aquí se efectuaban los actos de Fe de la Inquisición, estuvo el patíbulo y sirvió de sitio para mercados o tianguis. El patíbulo posteriormente fue trasladado a la Plaza de Venegas (hoy Mercado Corona) y la Plaza de Armas adquirió su natural remanso de paz.

En el gobierno del licenciado Ignacio Vallarta, se le dio una arreglada poniéndole unas bancas de cantera y unas columnas del mismo material con faroles. El 15 de septiembre de 1885, durante la administración del general Francisco Tolentino, se le puso luz eléctrica. En tiempos del general Ramón Corona, a esta plaza se le transformó totalmente, se le colocó un kiosco en el centro hecho por los soldados del XIII batallón, de cantera roja y barandal de fierro; al colocar este kiosco desapareció la fuente que había surtido el vital líquido por siglos, también se le colocaron cuatro estatuas de bronce en forma de animales, que después se pusieron en el jardín de la Soledad (hoy la Rotonda).

Cerca del kiosco se plantaron tres araucanas, se le puso una banqueta doble dividida por bancas y se colocaron farolas de metal de cinco luces, las que están actualmente son copias de éstas. El encargado de todas estas obras fue el licenciado Andrés Arroyo de Anda. A finales del siglo XIX, tenía cuatro grandes banquetas hechas de ladrillos llamados de "jarro", cada banqueta estaba separada en dos secciones longitudinales por una serie de naranjos y bancas de madera y fierro. El kiosco era escenario de muchos conciertos de música. Estas audiciones lograron su época de oro, durante el gobierno del general Miguel Ahumada, cuando la Banda de música estaba bajo la batuta del maestro Augusto Azzalli, de origen italiano. Esta banda primero perteneció a la Escuela de Artes y Oficios, después a la Banda Militar de la gendarmería del Estado.

Para conmemorar el centenario de la Independencia (1910), se volvió a remodelar esta plaza, se trajo de Europa un kiosco, bancas y arbotantes (estos últimos ya desaparecidos). Se le colocó piso de mosaico, cuatro pequeñas fuentes de granito y cuatro estatuas de bronce que aún se conservan.

El kiosco fue construido en París hecho por la firma D'art, Du Val D'osne; cuando se colocó en el centro de la plaza y se quitó el que ahí estaba, fue todo un acontecimiento puesto que las cariátides despertaron mucho escándalo entre algunas personas, ya que las consideraron indecentes. Como leímos anteriormente que este kiosco fue sede de los conciertos musicales. Antes de Augusto Azzalli, dirigía la Banda del Estado el maestro Clemente Aguirre, quien fue el autor de "Ecos de México".

El señor Aguirre se empeñó en formar una buena banda para la ciudad, logró mucho en este esfuerzo pero no prosiguió, debido a su salud y le entregó la batuta al maestro Azzalli, quien continuó preparando a la banda. Esta plaza fue punto clave en la vida cotidiana de los tapatíos, entre semana las mujeres no se presentaban a dar la vuelta en ella, únicamente los domingos. Los coches daban la vuelta en torno de la plaza y se acomodaban donde ésta terminaba.

La plaza se llenaba de vendedores que ofrecían frutas de horno, morelianas, tortillas de harina, cacahuates, pipitorias, charamuscas, globos de colores, nieve y no faltaba la que ofrecía ramos de camelias, gardenias y violetas. Desde 1921 en adelante, el paseo se haca en autos, de la plaza al jardín del templo de San Francisco por 16 de Septiembre. Los que iban a pie se paraban en los portales para ver pasar a las bellas tapatías, los paseos se hacían los sábados en la noche y el domingo al medio día y en la noche. Las serenatas se daban los jueves y los domingos de siete a nueve de la noche, que eran los días en que esta plaza se engalanaba con la presencia de los vecinos tapatíos de todas las clases sociales.

En las esquinas de esta Plaza de Armas o Plaza Mayor, están cuatro esculturas al estilo greco-latino de hermosas jóvenes, que representan a las cuatro estaciones.

  • La Primavera.- Cubierta con un quitón o túnica y cargando en su mano izquierda una vasija llena de flores y tocando con su otro brazo su floreado tocado.
  • El verano.- Coronada de espiga y sosteniendo un ramo de trigo en la mano derecha y sujetando con la izquierda su ancha túnica a la cadera.
  • El Invierno.- Cubierta de pies a cabeza con gruesas ropas, levantando con elegancia su diestra adornada con una pulsera de bronce, como premio a las duras faenas agrícolas ya terminadas.
  • El otoño.- Representado por una mujer pensativa y desnuda, sólo le cubren las piernas un manto y sostiene con la mano derecha, una varilla metálica, símbolo tal vez de la siega. Esta escultura es la única que tiene una pequeña placa de bronce que dice: "J. Fiske. 2628 Parck Place, New York", lo cual nos hace creer que fueron pedidas sobre catálogo, así como deducir que las otras tres obras, no son las esculturas originales.

Esta histórica plaza circundada por las calles de Corona, Morelos, Pedro Moreno y Av. 16 de Septiembre, ha sido testiga de la evolución de la ciudad desde su nacimiento. Aunque el nombre oficial de este lugar es Plaza de la Constitución, la gente tapatía la conoce como Plaza de Armas, es como quien dice "la sala de recibir" de Guadalajara; rodeada del flamante Palacio de Gobierno, el Sagrario Metropolitano, el portal más viejo de la ciudad (frente al Palacio) y el Portal Quemado. Así que mi querido lector absorba la esencia histórica que guarda esta añeja plaza, observe sus esculturas y su hermoso kiosco.
Para finalizar déjeme comentarle que en el gobierno de Flavio Romero de Velasco, se pusieron las farolas actuales al estilo de las que tenía la plaza en el siglo pasado.



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